Puede que tengas aparatos que llevan años contigo y que, aunque funcionan, están haciendo que tus recibos de luz sean más altos de lo normal. Otro caso es que puede que tengas que comprar los nuevos electrodomésticos para tu nuevo hogar y estés planteándote comprar los más baratos porque buscas productos básicos y prácticos. Con el IVA de la luz de nuevo al 21 % desde principios de 2025, la decisión de apostar por electrodomésticos antiguos o de bajo precio puede salirte muy cara cada mes. Sin embargo, ¿realmente los electrodomésticos de bajo consumo son la solución mágica o es solo marketing? En este artículo vamos a hablar de eficiencia energética en el hogar, explicándote cuánto puedes ahorrar con ese tipo de aparatos.
¿Qué son realmente los electrodomésticos de bajo consumo?
En Visalia trabajamos cada día con el objetivo de lograr ese ahorro en la electricidad con electrodomésticos que tanto buscan los consumidores. Por eso, el primer paso es hablar de los cambios en las pegatinas de las clases energéticas de estos aparatos.
Hace tiempo, exactamente en 2021, que las famosas etiquetas de clase energética A+++, A++ o A+ pasaron a mejor vida para dejar paso a una escala mucho más clara: de la A a la G. Así, un aparato de bajo consumo de máxima eficiencia será aquel que tenga la letra A en su pegatina, y el de menor, la G.
De forma general, los aparatos de bajo consumo son aquellos que hacen el mismo trabajo que el resto, pero desperdiciando menos energía. Digamos que no es que limpien más o enfríen mejor, sino que son mucho más eficientes al aprovechar la electricidad que reciben. Entre otras cosas:
- Aprovechan mejor lo que gastan: no pierde energía en forma de calor o ruidos innecesarios.
- Evitan los picos de potencia: los aparatos antiguos funcionan con un sistema de «todo o nada», mientras que los eficientes, gracias a tecnologías como el Inverter, arrancan de forma suave y mantienen una velocidad constante. Esto evita esos «tirones» de luz que tanto suben la factura.
- Son inteligentes: tienen sensores que ajustan el gasto. Por ejemplo, una lavadora de bajo consumo utiliza menos agua si la carga está a la mitad.
- Mantienen mejor el resultado: por ejemplo, una nevera de bajo consumo está tan bien aislada que, una vez fría, apenas necesita encender el motor para mantenerse así.
Entonces, ¿realmente compensa esta inversión? La respuesta es un sí rotundo. Aunque el producto sea más caro que otros de gamas más bajas, ese plus se recupera rápidamente. Vamos a verlo de otra forma: imagina que tienes un coche que gasta 4 litros a los 100 km en lugar de uno que gasta 10. Está claro que pagarás más por ese coche al comprarlo, pero ahorrarás dinero cada vez que lo uses. Con los electrodomésticos ocurre lo mismo, y la diferencia de precio suele recuperarse en pocos años. A partir de ahí, todo es beneficio para tu bolsillo.
Análisis de rentabilidad: ¿compensa pagar más al principio?
Vamos a comparar el coste inicial con el ahorro a largo plazo. Para entender por qué decimos que la inversión se recupera rápido, lo mejor es mirar el frigorífico, que es el único aparato encendido las 24 horas.
Mucha gente se asusta al ver un frigorífico de 700 € cuando hay otro al lado por 450 €, y lo primero que piensa es que si se lleva el barato se estará ahorrando 250€. Sin embargo, en realidad es justo al revés, pues la clave está en el consumo anual
La comparativa real: ¿de dónde sale el ahorro?
Para saber si una compra es rentable, debemos comparar el coste total, es decir, lo que se paga en la tienda más lo que cuesta mantener el aparato encendido durante toda su vida útil.
De este modo, para que los números sean transparentes, hemos calculado el coste usando un precio medio de la electricidad de 0,25 €/kWh (una media realista para este 2026 con el IVA al 21%). Sin embargo, este ahorro puede ser aún mayor si cuentas con una tarifa optimizada, como las que tenemos en Visalia, donde el coste por kWh es más competitivo y disponemos de varias opciones en función de los hábitos de consumo de los usuarios. Además, tomamos en cuenta el consumo anual que marcan las etiquetas de dos frigoríficos de tamaño similar, pero de distinta clase energética:
- Con el modelo barato (clase F): consume unos 372 kWh al año. Si multiplicas esos kilovatios por el precio de la luz aproximado (372 x 0,25), el resultado es que mantenerlo encendido te costaría 93 € al año.
- Con el modelo de bajo consumo (clase A): tiene una tecnología tan eficiente que tan solo consume aproximadamente unos 120 kWh al año. Al multiplicar (120 x 0,25), el gasto anual cae hasta los 30 €.
¿Cuál es la diferencia? Pues que cada año, el modelo de bajo consumo te ahorraría 63 € en facturas (la resta de 93 € menos 30 €). Si dividimos ese ahorro entre los 12 meses, verás que tu recibo de la luz es 5,25 € más barato cada mes simplemente por haber elegido el aparato mejor.

El tiempo de recuperación: ¿cuándo empiezas a ganar?
Imagina que compraste el modelo eficiente y te costó 250 € más en la tienda que el de bajo coste. Hay que dividir ese sobrecoste entre el ahorro anual, es decir, los 250€ entre los 63€ de ahorro. El resultado es que en aproximadamente 4 años ya habrás recuperado el dinero extra que invertiste. A partir de ahí, y durante los años restantes de vida útil del aparato, que serán unos quince, todo el ahorro mensual es dinero que se quedará limpio en tu bolsillo.
Tras analizar los números, la conclusión es rotunda, y es que, como hemos visto, comprar electrodomésticos de bajo consumo es rentable en el 100 % de los casos. Recuerda que es importante combinar estos aparatos con una tarifa eléctrica adaptada a tu consumo para obtener el máximo ahorro. ¡Contáctanos y te haremos un estudio personalizado!






